Dejó una copa frente a Joyce.
No frente a mí.
—Había mucho tráfico.
Joyce sonrió.
—Boston está imposible los viernes.
Mentían con demasiada facilidad.
Me pregunté cuánto tiempo llevaban practicándolo.
Durante la siguiente hora apenas intercambié tres frases con mi esposo.
Joyce, en cambio, conocía todas sus historias.
Reían por proyectos de oficina.
Por clientes.
Por viajes.
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