—Debe estar muy ocupado.
Sonrió con amabilidad.
Asentí.
—Sí.
Muchísimo.
No añadí que siempre encontraba tiempo para otras personas.
Solo para mí parecía no quedarle ninguno.
El maestro de ceremonias anunció el primer baile de los novios.
Todos dirigieron la vista hacia la pista.
Yo aproveché para mirar discretamente la puerta principal.
Y entonces lo vi.
Asher.
Entró riéndose.
Pero no estaba solo.
Joyce caminaba a su lado.
Llevaba un vestido color esmeralda que resaltaba bajo las luces del salón. Él sostenía dos copas de champán mientras ella le acomodaba la corbata con una familiaridad que ya no necesitaba explicación.
No me habían visto.
Continuaron caminando entre las mesas sin prisa, completamente absortos el uno en el otro.
Sentí un vacío extraño.
No era dolor.
Era claridad.
Como cuando una ventana empañada finalmente se limpia.
Asher llegó hasta nuestra mesa.
—Perdón por el retraso.
Ni siquiera me besó.
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