La noche en que dejó de ser mi esposo-aurelia

Por anécdotas que yo nunca había escuchado.

En un momento ella apoyó la mano sobre el brazo de Asher.

Él no se apartó.

Ni siquiera pareció notarlo.

Yo sí.

Todos en la mesa lo notaron.

Pero nadie dijo nada.

La música cambió.

Comenzó un tema animado.

—¡Hora de bailar!

gritó alguien.

Asher se puso de pie inmediatamente.

Pensé, por un instante ridículo, que extendería la mano hacia mí.

En lugar de eso, miró a Joyce.

—¿Vienes?

Ella aceptó sin dudar.

Los vi alejarse juntos hacia el centro del salón.

Él reía.

Giraba.

Le hablaba al oído.

Ella levantaba la cabeza para escucharlo mejor.

No parecían dos compañeros de trabajo.

Parecían dos personas acostumbradas a ocupar el mismo espacio.

Melissa volvió a mirarme.

—¿No vas a bailar?

Negué con una sonrisa.

 

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