Pero decidió entregarla.
Tres meses después
La investigación dio un giro.
Una de las personas relacionadas con los nombres fue localizada.
Durante una entrevista surgieron contradicciones.
Primero dijo que apenas conocía a Daniela.
Después reconoció haber hablado con ella.
Más tarde apareció información que indicaba que ambos habían coincidido el día de la desaparición.
Nada de aquello demostraba por sí solo un delito.
Pero abrió nuevas líneas.
Y una de ellas conducía fuera de la ciudad.
Elena recibió una llamada.
—Señora Vargas, necesitamos que venga.
Su corazón se detuvo por un segundo.
Había imaginado esa llamada cientos de veces.
Tomó su bolso.
Salió.
Durante todo el trayecto tuvo las manos frías.
Al llegar, recibió información que cambiaría definitivamente la búsqueda.
Habían encontrado un lugar relacionado con las últimas horas conocidas de Daniela.
Una casa abandonada
Era una construcción pequeña en las afueras de una comunidad.
Las ventanas estaban cubiertas.
La puerta parecía llevar meses sin utilizarse.
Elena no pudo entrar.
Tampoco quería hacerlo.
Los especialistas tenían que trabajar sin interferencias.
Ella permaneció lejos.
Esperando.
Horas después salieron varias personas.
Nadie quiso adelantar conclusiones.
Se habían encontrado objetos que necesitaban ser analizados.
Entre ellos había una pequeña pulsera.
Elena reconoció el diseño desde lejos.
Daniela tenía una parecida.
Pero hacía falta confirmarlo.
Aquella noche Elena no durmió.
A las cuatro de la madrugada todavía estaba sentada en la cocina.
Miraba una fotografía.
Daniela aparecía celebrando su cumpleaños número veinte.
Había una vela encendida frente a ella.
Elena tocó la imagen con los dedos.
—Dime dónde estás.
La verdad comenzó a aparecer
Los días siguientes fueron extremadamente difíciles.
Las investigaciones permitieron reconstruir parte de los movimientos realizados aquella noche.
Daniela habría llegado voluntariamente a encontrarse con una persona conocida.
Posteriormente habría sido trasladada a otro punto.
A partir de ahí, la historia se volvía confusa.
Distintas personas habían dado versiones diferentes.
Pero los cuatro nombres encontrados en la libreta comenzaron a adquirir importancia.
No necesariamente todos tenían la misma responsabilidad.
Eso debía determinarlo la investigación.
Elena insistía en algo:
—Yo no quiero acusar a inocentes. Quiero saber la verdad.
La pista que cruzó varios estados
