La madre que persiguió uno a uno a los asesinos de su hija

—Creo que hacia el norte.

Elena anotó aquella información.

Después consiguió un antiguo número telefónico.

No llamó.

Lo entregó junto con el resto de sus datos.

Las autoridades tendrían que determinar si Marco tenía alguna relación real con la desaparición.

Pero Elena continuó investigando.

Había tres nombres más.

Una fotografía reveló al segundo
El segundo nombre era Iván.

Durante semanas no encontraron nada.

Hasta que una amiga de Daniela recordó una fiesta celebrada meses antes.

Habían tomado fotografías.

Elena revisó más de cien.

En una de ellas apareció Daniela al fondo.

Y varios metros detrás había un hombre.

—Ese es Iván —dijo la amiga.

Elena amplió la imagen.

No era una prueba de nada.

Pero demostraba que aquel nombre escrito en la libreta correspondía a una persona que, al menos, había estado en el mismo entorno social que Daniela.

La fotografía fue guardada.

Otro dato.

Otra pieza.

La llamada anónima
Dos meses después de la desaparición, Elena recibió una llamada.

Número desconocido.

Contestó.

Una voz masculina habló rápidamente.

—Deje de buscar.

Elena quedó inmóvil.

—¿Quién habla?

La llamada terminó.

Duró menos de diez segundos.

Elena guardó el número.

No respondió con amenazas.

No salió corriendo detrás de nadie.