La madre que persiguió uno a uno a los asesinos de su hija

Nada.

A las 22:13 ocurrió algo todavía más inquietante.

El teléfono dejó de recibir llamadas.

Elena miró la pantalla.

Intentó nuevamente.

Apagado.

En ese momento sintió algo que después describiría como una presión en el pecho.

Una madre puede preocuparse por muchas cosas.

Pero aquella noche Elena estaba convencida de que algo no estaba bien.

A medianoche comenzó a llamar a las amigas de Daniela.

Ninguna sabía dónde estaba.

Una de ellas recordó un detalle.

—Señora Elena, Daniela me dijo que iba a encontrarse con alguien.

—¿Con quién?

Hubo silencio.

—No me dijo.

Aquella respuesta se convirtió en la primera pieza de un enorme rompecabezas.

La fotografía que comenzó a circular
A la mañana siguiente, Elena imprimió una fotografía de Daniela.

Era una imagen tomada pocos meses antes.

Su hija aparecía sonriendo.

Debajo escribieron:

“SE BUSCA.”

Después agregaron un teléfono de contacto.