Visitó pueblos donde nunca había estado.
Y durante meses siguió, una por una, las pistas que podían conducirla hasta las personas que supuestamente sabían qué había ocurrido con Daniela.
Sin embargo, Elena todavía ignoraba que una pequeña anotación encontrada dentro de una vieja mochila terminaría llevándola hasta la pista más importante de todas.
La última llamada
Todo comenzó un viernes por la tarde.
Daniela había salido de casa aproximadamente a las 17:20.
—No voy a tardar, mamá.
Fueron las últimas palabras que Elena escuchó de su hija antes de verla cruzar la puerta.
Daniela llevaba unos jeans, una blusa clara y una pequeña mochila.
Nada parecía extraño.
A las siete de la noche, Elena preparó la cena.
A las ocho comenzó a preocuparse.
A las nueve llamó por primera vez.
El teléfono sonó.
Nadie respondió.
Volvió a llamar.
