“Dijeron que solo duele la primera vez”, susurró una niña al 911. Lo que las autoridades encontraron dentro de esa casa tranquila fue mucho peor de lo que habían imaginado.

Para ayudarles a comprender que su voz importa.

Para ayudarles a creer que en el mundo hay personas que les protegerán.

Un recordatorio para todos.

Casos como este son dolorosos porque nos recuerdan que los niños dependen de los adultos para que se den cuenta de lo que ellos no siempre pueden explicar.

Un vecino.

Un profesor.

Un familiar.

Un amigo.

Un desconocido que decide escuchar.

Cualquier persona puede convertirse en la persona que ayuda a un niño a encontrar un lugar seguro.

Las señales de advertencia no siempre son dramáticas. A veces son pequeñas:

Un niño que se ha vuelto inusualmente callado.

Un niño que de repente actúa asustado.