“Dijeron que solo duele la primera vez”, susurró una niña al 911. Lo que las autoridades encontraron dentro de esa casa tranquila fue mucho peor de lo que habían imaginado.

La respuesta es complicada.

Los niños pueden permanecer en silencio porque tienen miedo.

Pueden temer el castigo.

Pueden temer la ruptura de su familia.

Puede que teman que nadie les crea.

A veces, la persona que causa el daño es alguien que el niño conoce y de quien depende. Esto puede generar confusión y hacer que expresarse parezca imposible.

El silencio de un niño nunca debe confundirse con la prueba de que no ha ocurrido nada.

A veces, el silencio es señal de que un niño ha estado cargando con una carga demasiado pesada para explicar.

La importancia de escuchar

Los expertos que trabajan con niños suelen destacar un mensaje sencillo:

Escuchar.

No solo importan las palabras que se dicen, sino también las emociones que hay detrás de ellas.

Hay que tomar en serio a un niño que dice tener miedo.

Un niño que dice que algo le duele debe ser escuchado.

Un niño que intenta revelar algo doloroso puede que no lo exprese a la perfección. Puede que dude. Puede que cambie los detalles. Puede que le cueste describir lo sucedido.

Eso no significa que estén mintiendo.

El miedo afecta a la memoria.

El estrés afecta la comunicación.

El trauma afecta la forma en que las personas cuentan sus historias.

Es responsabilidad de los adultos crear un entorno seguro donde los niños se sientan libres de expresarse.

Las consecuencias

Tras el rescate, la pequeña comenzó una nueva etapa en su vida.

La recuperación no ocurre de la noche a la mañana.

Un niño que ha experimentado miedo necesita estabilidad, apoyo y personas que le recuerden que está a salvo. La sanación a menudo requiere la colaboración de muchas personas: familiares, consejeros, investigadores, maestros y defensores.

El objetivo no es solo alejar al niño del peligro.

El objetivo es ayudarles a reconstruir la confianza.