¿Dónde estaba su hija?
Su nombre era Daniela Vargas.
Tenía 20 años.
Y una tarde salió de casa diciendo que regresaría antes de la cena.
Nunca volvió.
Lo que comenzó como una búsqueda desesperada terminó convirtiéndose en una historia que nadie en aquella pequeña comunidad mexicana podía imaginar.
Porque Elena no se quedó esperando junto al teléfono.
Tampoco aceptó que el tiempo enterrara las preguntas.
Tomó una libreta.
Guardó fotografías.
Anotó nombres.
Recorrió carreteras.
