Una de las expresiones más repetidas en versiones posteriores fue: “Déjenlo, no lo molesten”. La frase se utilizó para resumir la decisión del sacerdote de permitir que la perrita permaneciera junto a la imagen. Sin embargo, los registros contemporáneos disponibles no permiten confirmar que esas hayan sido exactamente las palabras pronunciadas por Zanin.
Lo que sí aparece documentado es que el sacerdote consideró que el animal estaba tranquilo y protegido en aquel sitio. La situación le produjo una reflexión personal relacionada con la confianza y con las enseñanzas que, según su interpretación, las personas pueden encontrar incluso en comportamientos sencillos de los animales.
Durante la celebración, el religioso volvió a observar a la perrita y quedó especialmente conmovido por la tranquilidad con la que permanecía allí. Esa experiencia fue suficiente para que decidiera no interrumpir su descanso.
La historia también generó interés por conocer qué había ocurrido con el animal antes de llegar al templo. Los reportes de aquel momento la describieron como una perrita que se encontraba en situación de abandono y que había aparecido en los alrededores de la iglesia.
Algunas informaciones señalaron que el animal había desaparecido durante varios días y posteriormente regresó a las inmediaciones del templo. Después de que las fotografías se difundieran, varias personas manifestaron interés en ofrecerle un hogar.
No obstante, los registros disponibles no permiten establecer con absoluta certeza qué ocurrió después con la perrita ni quién terminó adoptándola. Por ese motivo, cualquier versión que asegure conocer todos los detalles de su vida posterior debe tomarse con cautela.
Otro aspecto que generó confusión fue el año en que ocurrió el episodio. En numerosas publicaciones recientes se menciona 2016, pero los artículos publicados cerca de la fecha original sitúan los acontecimientos en diciembre de 2015.
