No solo la mioglobina determina la categoría: el perfil nutricional del cerdo también coincide con el de las carnes rojas. En comparación con el pollo o el pescado, la carne porcina aporta cantidades significativamente mayores de:
Hierro: esencial para la formación de glóbulos rojos y el transporte de oxígeno.
Zinc: fundamental para el sistema inmunológico y la cicatrización.
Grasas saturadas: presentes en proporciones más altas que en las aves.
Estos valores nutricionales confirman lo que los datos sobre mioglobina ya indicaban: el cerdo se comporta, desde el punto de vista del organismo humano, como una carne roja más.
¿Por qué se sigue pensando que es carne blanca?
Además del eslogan publicitario, hay otros factores que alimentan la confusión. Uno de ellos es el color que adquiere la carne de cerdo al cocinarse, que suele ser más claro que el de la carne vacuna. Otro motivo es la asociación cultural: muchas recetas tradicionales preparan el cerdo de formas similares al pollo, lo que refuerza la idea de que ambos pertenecen al mismo grupo.
