El primer día en el nuevo refugio, uno de los policías fue a visitarla. La encontró acariciando a un perro viejo que se había quedado dormido sobre sus rodillas.
—¿Sabe qué? —le dijo sonriendo—. Cuando recibimos la denuncia, estaba convencido de que íbamos a descubrir algo terrible.
Lidia lo miró con calma y respondió en voz baja:
—Y lo descubrieron. La soledad. Esa es la cosa más terrible.
Después sonrió y añadió: —Por fortuna, a veces puede vencerse con un poco de bondad.
